Pocos juegos hacen reír y concentrarse a los niños tanto como un juego de memoria. La emoción de dar la vuelta a la siguiente carta y la satisfacción de encontrar una pareja: una idea sencilla que nunca pasa de moda.
Ahora imagina la diversión de jugar con una versión diseñada por vosotros mismos. Ya sea con dibujos a mano, con personajes favoritos o con fotos de la familia, crear tu propio juego de memoria es tan entretenido como jugarlo. Y con una plastificadora, las cartas se mantienen resistentes y brillantes, listas para infinitas partidas en casa o para un uso repetido en el aula.
Esta actividad no es solo juego. Refuerza la memoria, la concentración y el reconocimiento visual, por lo que es una herramienta estupenda tanto para la diversión en familia y el aprendizaje en grupo.
Los juegos de memoria consisten en emparejar. Los niños pueden dibujar, recortar imágenes impresas o usar fotografías, que es una forma fantástica de incluir a sus personas y momentos favoritos. En el aula, los temas pueden vincularse al aprendizaje: números, letras, formas o vocabulario.
Con una regla, marca cuadrados o rectángulos del mismo tamaño en una hoja A4. Rellena cada casilla con un diseño o una foto, asegurándote de que haya dos iguales de cada uno.
Si se has utilizado pinturas, pegamento o pegatinas, deja que la hoja se seque por completo antes de plastificarla.
Coloca la hoja terminada en una funda para plastificar e introdúcela en la plastificadora con el borde cerrado primero. Déjala enfriar en posición plana antes de cortar.
Recorta los cuadrados. La plastificación sellará cada pieza, creando cartas resistentes y reutilizables.
Baraja las cartas boca abajo y, por turnos, da la vuelta a dos para encontrar parejas. ¡Gana quien consiga más!